En toda competición de tiroteos, debe haber siempre un icono muy significativo: la diana. Los jugadores tienen la oportunidad, de probar su puntería tratando de acertar en el centro. Quien más se acerque, mayor puntuación.

En Capsul, una de las pruebas durante el entrenamiento, consiste en disparar diez dianas escondidas por toda la zona de juego. Al final del entreno, se aprecia quién ha logrado más puntos en función, de la cercanía del disparo en el medio del círculo.

Sofía era una jugadora del equipo verde, quien distinguía por un elemento muy peculiar, además de por su baja estatura y sus ojos azules. A diferencia de las demás jugadoras, quienes llevaban armas de gran tamaño, ella competía con una pistola.

A pesar de que todas le aconsejaban cambiar de arma, ella seguía obstinada en llevarla. Cualquiera la daría por alguien de bajo nivel. Pero el entrenamiento de aquella tarde, lo cambiaría todo.

Las jugadoras más novatas del equipo mantis, fueron llamadas para una demostración de puntería. Debían decidirse qué chicas jugaban primero, y cuales dejaban en el banquillo. Tres fueron las que participaron. Una niña de cabello afro, una con el pelo castaño oscuro, y la propia Sofía.

La primera, llevaba un fusil con gran capacidad de almacenaje. Tenía un total de 28 disparos. Dieron el bocinazo de salida, y la jugadora se puso manos a la obra. Logró alcanzar todas las dianas, pero solo cuatro de ellas dieron en el blanco.

La segunda, portaba un arma mucho más pesada. Debido al peso, apuntaba con dificultad. Dio en las diez dianas, llegando a manchar en tres de ellas en el medio.

Finalmente, le tocó el turno a Sofía. Su equipo era el único público visible. Murmuraban entre ellas, nadie creía posible que pudiera mejorar la puntuación lograda, hasta el momento. Totalmente confiada y con la más absoluta calma, sacó su pistola y empezó la prueba.

Se movía con agilidad y fluidez. Apuntaba cada diana como si un imán invisible, orientara sus brazos hacia ella. Gastó un total de veinte disparos, efectuando dos seguidos por cada diana. Tan solo Ivette y Esther, las líderes del equipo y quienes habían observado todo el rato, se dieron cuenta de un detalle impactante.

Había logrado dar en el medio, de las diez dianas. Y no solo eso: lo logró en un tiempo record. Las jugadoras anteriores demoraron hasta dos minutos y medio para conseguirlo. Sofía lo consiguió en treinta y dos segundos.

Al ver la puntuación exacta en el marcador digital de la pared, las jugadoras del equipo verde se quedaron de piedra. Nadie lo hubiera imaginado nunca. ¿Cómo una simple jugadora pudo haberlo conseguido, sin un arma decente?

Ivette sintió curiosidad por su técnica. Antes de dar por terminado el entreno, y decidir quién se merecía ser una jugadora principal, decidió preguntar delante de todas, por su técnica en el juego. Sofía decidió ser honesta.

Soy bajita. Te puedes reír si quieres, pero no puedo disparar si el arma es grande. Pesa mucho, me tiembla el pulso cuando apunto, y fallo siempre. Aparte, cuanto más grande es el arma, más salpica. Si te fijas, la primera niña tenía un cañón enorme. Le ha dado en el medio de la diana. Pero la mancha es muy grande, y no suma tanto.

Mira mi diana, en cambio. Le he dado dos veces, y las dos en el medio. La salpicadura es pequeña, eso ayuda a dar mejor en el blanco. La puntería no es solo apuntar. Es hacer, que un disparo sea certero.

Por primera vez en mucho tiempo, Ivette escuchaba sin interrumpir. Le encantó su testimonio, y estaba deseando ponerlo en práctica. De inmediato, Sofía fue ascendida a jugadora de primera.

Todas aceptaron, para asombro de algunas y envidia de otras. Pero nadie cuestionaría la lección aprendida, en el día de hoy: nunca subestimes a una jugadora, ya sea por su apariencia física, o por su estilo al competir.

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