Segundos después de finalizar la ronda, la victoria fue para el equipo fucsia. Los tres equipos habían competido en esta ocasión. Las únicas jugadoras que no estuvieron conformes con el resultado, fueron las del equipo verde, y una chica de pelo rubio corto, del equipo malva.

Margot contemplaba desde lejos, como aquella irritada niña se desvanecía entre la multitud. Sujetaba su pistola con fuerza y caminaba con paso ligero hacia la salida. Temiéndose lo peor, decidió seguirla.

Al llegar a su habitación, la jugadora malva tiró la pistola al suelo con fuerza, casi rompiéndola en el acto. Margot, quien la siguió de lejos, decidió asomarse por el marco de la puerta. Quería ver lo que se proponía. Y su objetivo no era otro, que hacer las maletas.

La enfurecida jugadora tenía la maleta abierta sobre la cama, ponía una prenda tras otra para luego, seguir llenándola con el resto de su equipaje. Se detuvo al instante al ver, como la jugadora de su mismo equipo se situaba junto a la puerta, mirándola con compasión.

—Me voy—sentenció la jugadora—. No aguanto más. Estoy harta de que me mojen. Yo no estoy mojando a nadie.

Margot la escuchó sin ademán de interrumpir. Ante el silencio, decidió preguntar.

—¿Por qué te apuntaste a Capsul?
—Porque pensaba que sería guay—respondió la chica de pelo rubio—. Pero ya no mola. No estoy consiguiendo puntos. Y nadie me ayuda. Por eso me voy.

Sin pedir permiso, Margot cogió la pistola del suelo. Se sentó sobre la cama y miró a su compañera, con actitud dialogante.

—Todavía no has perdido—dijo Margot.

La chica la miraba sin entender a qué se refería. Quería saber más.

—¿Crees que las del equipo verde no piensan igual que tú?—cuestionó Margot—. A nadie le gusta perder. Por eso seguimos jugando. Y además, solo es un juego.

—Pero yo no he venido a perder—contestó la jugadora.

Una media sonrisa se dibujó en el rostro de Margot. Sabía exactamente lo que debía decir.

—Lo estás haciendo ahora—indicó Margot, señalando la maleta.

La chica quería responder, pero en el fondo deseaba seguir escuchando.

—No puedes jugar tu sola. Tienes un equipo, que te necesita. Somos muchas. Si te vas ahora, somos una menos. Lo tenemos más fácil para perder, ¿No crees?

La jugadora bajó la mirada. De pronto, ya no parecía tan segura de la decisión que se proponía tomar. Margot se acercó a ella.

—Astrid confía en ti. Si no le hicieras falta, te habría echado del equipo. Y a mí también. Te quiere en su equipo. Tenemos suerte de jugar con ella, ya sabes que juega muy bien.

De pronto, Margot miró a la pistola entre sus manos.

—Yo también quería irme al principio. Pero creo…que somos un equipo, dentro y fuera de Capsul. Si no nos ayudamos, no tiene sentido estar aquí.

Entonces, Margot se puso seria por un momento. Miró fijamente a la chica rubia, quien a su vez la miraba intrigada.

—Si te rindes…el juego se acaba.

La jugadora tuvo mucho en lo que pensar, con aquella frase. ¿Cómo tan pocas palabras pudieron dejarle sin habla? Tal vez fuera pasajero. Tal vez, mañana volvería a enfadarse y trataría de hacer la maleta, sin que nadie la descubriera. Sin embargo, la duda la distraía y alejaba completamente, de aquella decisión.

Margot volvió a sonreír. Alargó su mano sujetando la pistola por el cañón, como signo de devolverle su arma. La jugadora la cogió tras pensarlo por un momento.

Y entonces, presa de un sentimiento involuntario, la chica decidió hacer una petición.

—…¿Me enseñas a disparar?

Con alegría y entusiasmo, las dos jugadoras malva salieron de la habitación, dirigiéndose a la galería de tiro. Había mucho que hacer, ahora que había nacido la fuerza de voluntad, para no rendirse ante nada.

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