Diana y Ana permanecían a cubierto. Por encima de su valor, la impotencia les dominaba. Sabían que competían con una sola jugadora, más eran incapaces de progresar. Habían intentado sin suerte, alcanzar a la jugadora fucsia con sus destructores. Ésta, esquivó cada disparo efectuado por el equipo verde.

—¡Ana!—gritó Diana—¡Tenemos que pensar algo ya! ¡Esa no es como las otras!

Su compañera no le respondió. Tal vez fuera por el griterío, era difícil conversar con alguien ante tanto ruido.

—¡¿Me oyes?!

—¡Que ya lo sé!—respondió Ana.

Fruto de su impulso por salvar la situación, Ana salió de su cobertura y disparó hacia donde la jugadora se escondía. Como respuesta, recibió un pleno impacto en el costado. Su camiseta se manchó de un fucsia intenso.

—¡Ana!—volvió a gritar Diana—¡Así no le vamos a ganar!

Ana no quiso responder. Se mantenía ocupada tratando de apartar, la pintura húmeda de la ropa. Cuanto más tiempo pasaba, más se le pegaba a la piel.

—¡Hay que pillarla por sorpresa!—dijo Ana.

Diana asintió con la cabeza. Entendió lo que se proponía: rodear el perímetro. Comparada con ellas, la jugadora fucsia se encontraba en una posición elevad. Si Diana la distraía, Ana podría dar la vuelta y alcanzarla de lleno de un buen disparo. Dicho y hecho, el plan se puso en marcha.

Con todo el coraje que pudo reunir, Diana se plantó en medio de la sala mientras apuntaba su destructor hacia la zona superior. Disparó seis veces y luego se puso a cubierto. Los disparos de color fucsia golpearon su barrera improvisada. Una gran salpicadura le manchó por el hombro.

Mientras tanto, Ana se escondía entre las cajas de metal, con la certeza de no ser alcanzada. La presencia de su rival, estaba fuera de su alcance. Sin embargo, sabía dónde ir. Tan solo debería subir los diez escalones de la escalera, y estaría frente a frente con quien le acababa de pintar.

Al subir los escalones de dos en dos, golpeando sus zapatillas contra el metal, giró bruscamente y reparó en lo inaudito: la jugadora fucsia no estaba allí. No podía entenderlo, y tampoco fue necesario. Pues un disparo todavía más fuerte, le manchó completamente la espalda.

Fruto del susto, Ana salió corriendo hacia adelante hasta cubrirse tras una caja. Por el camino, casi perdió el destructor. No quiso girarse, pero sabía quién la estaba esperando sobre la pasarela.

—Un consejo, niña—dijo la jugadora fucsia—. Nunca digas en voz alta, lo que vas a hacer. Le quitas toda la gracia.

A pesar de que aquella burla le enfurecía, no pudo negar que tenía razón. Su error fue gritar a Diana, su idea de rodear la zona. De habérselo callado, tal vez habría podido dar con el factor sorpresa. ¿Cómo no lo había pensado antes?

Desde lejos, Diana podía escuchar la respiración de Ana. Se volvía cada vez más fuerte. No estaba segura de por temor, o por estar planificando algo temerario. Y estúpido. Debía intervenir. Su compañera de equipo estaba en problemas.

Al dar un par de pasos hacia la escalera, recibió un disparo en la pierna. Ahogando un grito, retrocedió. Lamentablemente, la jugadora fucsia no se había olvidado de ella. Desde lo alto, le apuntaba con un destructor igual que el suyo.

De no ser por lo que ocurrió a continuación, la jugadora fucsia se habría seguido fijando en Diana. Una muy seria y a la vez, decidida Ana, se plantaba en medio de la pasarela donde se encontraban. Llevaba su destructor con una sola mano, más no parecía tener ganas de usarlo.

—Dispara—dijo Ana en voz baja.

La jugadora fucsia dudó por un momento. Decidió advertirle para salir de dudas.

—Te voy a hacer daño—dijo—. Yo que tú, me escondía.

—Me da igual—contestó Ana—. Las mantis no se esconden.

Sorprendida, la jugadora fucsia siguió apuntándole con indecisión al disparar. Decidió hacerle la siguiente pregunta.

—¿Y qué vas a hacer? ¿Chica mantis?

—Cuando se te acabe la munición—respondió Ana—, iremos a por ti.

—O sea que, ya puedes correr—añadió Diana.

Sin haberse percatado, Diana subió por la escalera, quedándose a poca distancia de donde se encontraban. Al ver como ambas ya no se guarecían, la jugadora fucsia sonrió levemente. Seguían siendo un equipo, al fin y al cabo. Llegó el momento, de un disparo decisivo.

Continuará…

FIRMA DE LA NOVELA CAPSUL

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Capsul es una novela de acción/drama/comedia, escrito por Javier Ghoma y protagonizado por Noa Valenzuela, Carla Sánchez y Noa Fernández. Es el primer proyecto literario realizado por Ghomafilms, mediante diseño gráfico y estilos de redacción contemporáneos. La novela será presentada en la Diada de Sant Jordi, en Julio de 2020.

Sinopsis

En una parcela privada situada en las afueras de la ciudad, una misteriosa compañía organiza una competición infantil. Durante seis días, más de treinta jugadoras competirán sin supervisión adulta. A medida que avanza el tiempo, la conducta de cada participante irá evolucionando. Convirtiendo un divertido juego, en un torneo cada vez más real.