Los ojos de Anna se abrieron. Reconoció el escenario enseguida. Conocía los pasillos y habitaciones que tanto caracterizaban, la zona de juego. Lóbregos, penetrantes, de aspecto infinito y repletos de pintura. Sin embargo, algo era nuevo: la composición.

No había jugado tantas veces como para recordar cada rincón del edificio, pero ciertos elementos parecían fuera de perspectiva. Una puerta demasiado baja, una sala pequeña por fuera y vista inmensa por dentro…y un interminable pasillo con las paredes cada vez más estrechas.

Miró hacia arriba y se percató, de algo inquietante: había puertas. Varias pegadas en el techo. Incluso pisadas hechas con pintura, mostrando una dirección tomada por alguien recientemente. Cada vez podía distinguirse más el entorno, y Anna estaba cada vez más confusa.

Solo había sido el comienzo, de una experiencia muy cercana en ocurrir. No hubo ruido, pero si una sombra. Una enorme y gigantesca sombra bailando ante ella. Se proyectaba cada vez más, dando a entender que un elemento de gran tamaño, se encontraba detrás muy poca distancia. Dio la vuelta y confirmó su temor.

Una mantis de siete metros y medio, la desafiaba con una mirada de ojos enormes y negros. Parecía recién salida de una piscina de pintura verde, pues la líquida sustancia se deslizaba por sus delgadas patas, hasta terminar manchando el suelo.

Anna gritó. Sin otra idea que la de huir, dio media vuelta y se puso a correr. No entendía cómo, ni de donde había salido. Pero era demasiado peligroso para averiguarlo. Cuanto más apresuraba en alejarse, mayor era el potente olor a pintura, dando a entender que el monstruo se acercaba.

“Sacrificio”. Aquella fue la única palabra que podía escuchar. No provenía de su mente, ni tampoco de la mantis. La voz que la pronunciaba, simplemente resonaba en el ambiente. “Sacrificio”, seguía escuchando. ¿Qué significaba? ¿Y por qué la escuchaba en ese momento?

Un grito escapó de su voz, entre jadeos por continuar la huida. Gotas de pintura caliente habían caído sobre su hombro. No eran lo bastante calurosas como para producirle dolor. Era el mismo impacto acompañado del susto, lo que parecía dolerle. Se acercaba. El insecto gigante tenía a la joven jugadora prácticamente a su merced. Cada vez, más cerca.

Ni siquiera se había percatado, de cómo estaba huyendo de ella. Cada vez que corría por un pasillo, éste mostraba la continuación a unos pocos metros de terminarse. Parecía un bucle sin fin. Lo más inquietante fue, como a falta de direcciones, Anna fue capaz de atravesar paredes.

No hallaba puerta en ella, pero se abrían. Sin picaporte, sin bisagras. Como una pared secreta que se abre cual corredera, tras accionar un mecanismo. Si la puerta era tan pequeña, ¿Cómo podía la mantis pasar a través de ella con tal tamaño? Tal vez contorsionándose, pero era demasiado grande. Nada podía detenerla, ¿La alcanzaría?  

Al atravesar una nueva puerta, Anna llegó a una sala con más carencia de perspectiva que antes. Ya no había pasillos o habitaciones. En su lugar, una inmensa explanada sin horizonte le daba la bienvenida. La mantis había desaparecido, como también el olor a pintura caliente.

La situación parecía lejos de terminar, pues a lo lejos divisó su nuevo temor. Una figura humanoide con cuatro patas, aumentaba su tamaño por segundos. Anna se dio cuenta entonces, de que no era humanoide sino animal. Era un puma del tamaño de un dinosaurio, con ojos blancos y la boca llena de colmillos.

Temiendo una nueva persecución, Anna cerró los ojos con fuerza esperando lo peor. Estaba demasiado cansada como para volver a correr. Sorprendentemente, el animal seguía mirándola. Ya no estaban en la explanada. Y una nueva presencia, no más tranquilizadora ni menos amenazante que las dos anteriores, le daba la bienvenida.

Nuevamente, miró hacia arriba. Las alas de un búho gigante se agitaban con destreza y agilidad. El viento permanecía quieto, algo fuera de lugar teniendo en cuenta, el movimiento y tamaño de aquellas alas. No alcanzó a ver su rostro, debido a la luz cegadora que la envolvió, hasta devolverla de nuevo a la realidad.

Sus ojos estaban de nuevo abiertos. El techo del dormitorio yacía quieto, impasible, como un lienzo blanco donde pintar. Para ser una pesadilla, había sido bastante real. De pronto, recordó la palabra “sacrificio” resonando, en la extraña dimensión. Acababa de recordar, porqué se unió al equipo verde.

Mantis: Insecto mantodeo de tamaño mediano de 6 a 7 cm, con un tórax alargado y delgadas antenas. Su naturaleza se define por un espíritu decidido en combatir, por mantener a la especie. Adopta el sacrificio, como único recurso con tal de sobrevivir.

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