Mensaje enviado a las 17:12
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Hola mama

Perdona por no escribir el primer día. Han pasado muchas cosas, algunas buenas. Otras, no tanto. Pero bueno, intentaré escribirte más. Hace un día que ha empezado la competición Capsul. Me está gustando, pero algunas niñas lo hacen muy en serio. En mi equipo, por ejemplo.

Siempre me ha gustado el color rosa. Por eso, cuando tenía que elegir un equipo, les dije el fucsia. El primer día, todas se reían. Hoy, casi nadie lo hace. Parece como que solo quieren jugar. Yo también quiero…pero ya no parece tan divertido.

Nos cuidan muy bien aquí. No hay gente mayor, ni profes ni monitores. Pero hay un horario, y lo estamos cumpliendo. Sabes que soy buena y me voy a dormir siempre, a las diez. Algunas noches, me cuesta dormir. Las chicas de la habitación de al lado, hacen ruido y no me dejan descansar. Ah, sí. Es verdad. Dormimos por parejas en habitaciones diferentes.

La niña que duerme conmigo, es un poco tímida. Más que yo. No habla casi nunca. Y lo más raro: duerme con una pistola de agua. Creo que le gusta jugar demasiado a esto. Bueno, al menos no hace ronquidos.

La comida es muy buena. Siempre la dejan preparada cuando bajamos a desayunar. O a comer, y a cenar. Tú cocinas mejor, mama. Pero ésta comida tampoco está mal. Me gustaría que vinieras un día. Podríamos comer juntas, y te presentaría mi equipo. Mery es una de las que mandan, pero es muy simpática. Te va a caer bien.

Me acuerdo que el primer día, las niñas iban al salón de juegos siempre. Hay un billar, un futbolín, una máquina de dardos, libros de colores y ordenadores con internet. Pero solo podemos ver vídeos de nuestra edad. Igualmente, me gusta.

Ahora, no va nadie. Estoy sola en el salón de juegos, escribiendo este email desde un ordenador. Soy la única que viene aquí. En el rato libre, las otras niñas se dedican a practicar…o a pintar las paredes con esa pintura. No me gusta. Pintan mucho, el olor es muy fuerte.

Algunas veces, Mery me dice que me enseñará a disparar. Tengo mala puntería, ya lo sé. Pero me da igual. Yo solo me apunté, para pasarlo bien. Es lo que siempre me dices, mama. Lo importante, es divertirse. Lo intento, pero es difícil. Y los otros equipos me dan miedo. A veces, se ríen de mí por ser del equipo fucsia.

El equipo verde, es el peor. Hacen muchas bromas, que no hacen gracia. Hacen daño. Una vez, se burlaron de mí porque tenía una pistola de color fucsia. Me decían que era muy cursi, que mi equipo iba a perder por mi culpa. Fui corriendo para que no me vieran llorar. Quería irme a casa. Quería estar contigo, mama. Me daba miedo quedarme aquí.

Estuve en la habitación mucho rato, no quería salir. Tenía miedo de volver a ver el equipo verde. Todavía faltan días para que vengas a recogerme. Y yo me quería ir ahora. Te vas a reír con esto. ¿Te acuerdas de la niña que duerme en mi cuarto? La que tiene la pistola debajo de la almohada. Pues ese día, se puso a hablar conmigo.

No sé por qué lo hice…pero se lo dije todo. Le decía, que te escribía por email todos los días. Como no nos dejan usar el móvil…en fin. También le dije lo del equipo verde, y que se reían de mí. Y luego, le dije que me quería ir. ¿A que no sabes lo que me dijo?

Me decía, que a ella le daba igual todo. No hay profes que la riñan. No hay monitores que le echen bronca. Solo hay niñas, que se ríen de otras por un juego. Es algo muy tonto, me decía. Y luego me dijo: si las tontas te hacen llorar, es que eres más tonta que ellas.

No sabía qué decir. Tenía razón, pero me había quedado sin palabras. Es una niña muy rara…pero ahora me cae bien. Cada vez que una niña del equipo verde, o del malva se ríe de mí…pienso en esa frase. Y se me quitan las ganas de llorar. Es solo un juego, me digo.

Es lo que las niñas malas no entienden. Y no lo van a entender, aunque se lo explique. Porque son tontas. Y yo no lo soy. Tengo al mejor equipo de todos, no puedo perder. Por eso ahora, he descubierto lo que tengo que hacer.

Muy pronto, podremos comprar pistolas nuevas, más potentes. Y podremos ganar al equipo verde. Pintaremos su territorio, con toda la pintura fucsia que tenga. Bueno, esto último lo ha dicho Andrea. Sí, se llama así. Mi compañera de cuarto. Ahora somos amigas.

Tengo muchas ganas de verte, mama. Y quiero contarte, como acabará todo. No sé quién va a ganar, pero no importa. Estoy bien. Ya no tengo miedo, y voy a jugar a tope. Mañana volveré a escribirte. Te quiero mucho.

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